Adulto mayor - Alimentación para el bienestar y la vitalidad
- Samuel Garcia
- 5 oct
- 2 Min. de lectura
En la etapa adulta mayor, una nutrición adecuada es fundamental para mantener la salud, la funcionalidad y la calidad de vida. A medida que el cuerpo envejece, cambian las necesidades energéticas y nutricionales, por lo que es importante adaptar la alimentación para prevenir enfermedades, favorecer el bienestar y promover la independencia.
Con la edad, disminuye el metabolismo basal y la masa muscular, por lo que se requieren menos calorías, pero con un aporte nutricional adecuado. También se reduce la sensación de sed y puede haber dificultades para masticar o digerir, lo que hace necesario planificar la dieta con alimentos que sean nutritivos y fáciles de consumir.

RECOMENDACIONES
Variedad y calidad: Consumir alimentos variados que aporten vitaminas, minerales, proteínas, grasas saludables y fibra. Incluyendo frutas frescas, verduras, cereales integrales, legumbres, carnes magras, pescado y lácteos bajos en grasa.
Proteínas de calidad: Son esenciales para mantener la masa muscular y la fuerza. Se recomienda pescado, pollo, huevos, legumbres y carnes magras en porciones moderadas.
Hidratarse bien: Beber al menos 2 litros de agua al día, incluso si no se siente mucha sed, para evitar la deshidratación común en esta etapa.
Vitaminas y minerales: Atención especial al calcio y vitamina D para preservar la salud ósea y prevenir la osteoporosis. La vitamina B12 también es importante para el sistema nervioso.
Fibra dietética: Consumir abundantes frutas, verduras y cereales integrales para favorecer el tránsito intestinal y prevenir el estreñimiento.
Evitar excesos: Limitar el consumo de azúcares añadidos, grasas saturadas y trans, sal y alimentos ultraprocesados para proteger el corazón y otros órganos.
Comidas pequeñas y frecuentes: Para mejorar la digestión y evitar la sensación de llenura excesiva, conviene repartir las comidas en 4-5 diarias.

ASPECTOS PRACTICOS Y SOCIALES
Además del contenido nutricional, es fundamental que la alimentación sea agradable y social. Compartir las comidas en familia o con amigos contribuye a un buen estado emocional y a una alimentación adecuada. También es importante adaptar la textura y preparación de los alimentos según las capacidades masticatorias o digestivas de cada persona.
Finalmente, un estilo de vida activo, que incluye actividad física adaptada, ayuda a conservar la movilidad y la autonomía, aumentando los beneficios de una alimentación saludable.

La alimentación adecuada en una persona adulta mayor es una inversión en salud, funcionalidad y calidad de vida. Priorizar nutrientes esenciales, hidratación, variedad y placer en la mesa hace la diferencia para vivir esta etapa con vitalidad.








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